jueves, enero 24, 2013

Crisis, ¿qué crisis?

Dinero, dinero, en mi cabeza constante estás.

Dinero, dinero, compras o vendes con intereses.

Estas palabras pertenecen a una canción del grupo OBÚS del año 1982, en la que el incombustible Fortu Sánchez nos avisaba sobre la esclavitud de ese maldito y vil metal.



Y es curioso, pero en este mundo en el que más se educa en valores de solidaridad, cooperación e igualdad es en el que los seres humanos dependemos cada vez más de lo material.

Como profesor, lo veo cada día en clase.

En la gran maldición de nuestros días: Los teléfonos inteligentes en manos de adolescentes menos inteligentes que ellos.
Es curioso cómo el noventa y ocho por ciento de los adolescentes españoles, andaluces y catalanes preferirían mil veces que les arrancasen un pulmón antes de que les dejen sin aparatito durante una hora.

Y lo he comprobado en mis propias cannnes.

Este curso académico soy de los pocos profesores interinos afortunados con una vacante para todo el curso escolar. Eso sí, me han mandado lo más lejos que se les ha ocurrido: En Cuevas del Fachazora, un simpático pueblo de la Almería profunda donde todo rastro de tecnología desaparece cuando llueve.

Este pueblo, cuna de ilustres pensadores como Carlos Herrera, se enorgullece de resolver todos sus conflictos por medio de la violencia, así como de restringir el papel de la mujer a un mero objeto sexual que, si es necesario, trabajará para aportar dinero y malcriar a los hijos. Y así volvemos a los adolescentes...

Volvemos a los adolescentes.



Hay una norma escrita en casi todos los Reglamentos de los colegios e institutos que prohíbe a los alumnos llevar el teléfono móvil al centro. Todos los años se informa a los alumnos y a los padres de esa y otras normas fundamentales. Y no son fundamentales por gusto. 

Los teléfonos móviles, y sobre todo los llamados smartphones tienen incorporadas las funciones más avanzadas del mercado, entre ellas unas cámaras de foto y vídeo cada vez más pequeñas y fiables, y conexión a internet mediante tecnología 3G las veinticuatro horas del día con una velocidad igual o superior a las líneas terrestres. Estos aparatos en manos de adolescentes descerebrados (como casi todos los españoles) tiene dos grandes riesgos:

Para demostrar y / o mantener su lugar en la jerarquía carcelaria, no dudan en organizar peleas en el patio del recreo, grabarlas con el aparatito y colgarlas en internet para que quede constancia de sus hazañas.


En segundo lugar, también los pobres angelitos pueden utilizar el telefonino para grabar a cualquier profesor o profesora dando su clase, y luego editarlo para que parezca que dice cosas que no le corresponden, o simplemente para reírse de él o ella, lo que constituye un delito al difundir imágenes de una persona sin su consentimiento.


Es por esto que se deben requisar los teléfonos móviles a todos los alumnos en los centros educativos, tanto públicos como privados o concertados.

Y no es capricho. Es para evitar un DELITO.

Esto me lleva a hablar de la crisis económica que, parece ser, nos está afectando más que a otros países. Porque este país de contrastes no se queda sólo en los anuncios que Esperanza Aguirre va a destrozar trabajando en Turespaña, sino que va a más. 

Cada vez hay más personas pobres, menos clase media, y más personas ricas.

Eso quiere decir que hay más de estos:
Que de estos:

Paradójicamente, los segundos tienen más poder que los primeros. 

Y parece que lo seguirán teniendo mucho tiempo. 

Hasta que los primeros se den cuenta de que no pueden comerse los aparatos electrónicos que hay en sus casas, ni las alineaciones de sus equipos de júrgol favoritos. Y de que los subsidios que tienen la suerte de recibir no son sino la millonésima parte de la millonésima parte de lo que cada uno de los políticos le han robado a las diferentes administraciones y empresas, tanto públicas como privadas.



Entonces empezarán a cambiar las cosas. Y espero que cambien como cantaba el gran José Carlos Molina en el año 1994:

Asaltando palacios me escucharán,
teniendo cerca el metal, al menos se asustarán.


Aún así, quiero terminar con una nota de Alta Cultura, recitando uno de mis poemas favoritos de don Francisco de Quevedo y Villegas.

PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO

   Madre, yo al oro me humillo,
Él es mi amante y mi amado,
Pues de puro enamorado
Anda continuo amarillo.
Que pues doblón o sencillo
Hace todo cuanto quiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Nace en las Indias honrado,
Donde el mundo le acompaña;
Viene a morir en España,
Y es en Génova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
Es hermoso, aunque sea fiero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Son sus padres principales,
Y es de nobles descendiente,
Porque en las venas de Oriente
Todas las sangres son Reales.
Y pues es quien hace iguales
Al rico y al pordiosero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

A quién no le maravilla
Ver en su gloria, sin tasa,
Que es lo más ruin de su casa
Doña Blanca de Castilla?
Mas pues que su fuerza humilla
Al cobarde y al guerrero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Es tanta su majestad,
Aunque son sus duelos hartos,
Que aun con estar hecho cuartos
No pierde su calidad.
Pero pues da autoridad
Al gañán y al jornalero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Más valen en cualquier tierra
(Mirad si es harto sagaz)
Sus escudos en la paz
Que rodelas en la guerra.
Pues al natural destierra
Y hace propio al forastero,
Poderoso caballero
Es don Dinero.

Espero que reflexionéis.


¿A qué viene este rollo? - os preguntaréis algunos.

La respuesta es simple.

Me muero de hambre. En este puto pueblo he tenido que alquilar un piso, y tengo más gastos que añadir a mis padres y a mi casa de Málaga. A consecuencia de esto, tengo menos dinero para comida, y sólo puedo hacer una comida diaria.

¡Enhorabuena señores políticos!

miércoles, mayo 16, 2012

Long Live Ronnie Dio!

Hoy hace dos años.


Dos años.

Hoy.


Hoy hace dos años que un maldito cáncer se llevó al maestro Dio, al pequeño gran Ronnie. A la voz de Rainbow, de unos Black Sabbath que hicieron olvidar al "colgado" Osbourne, y de DIO, su grupo.

Una voz que derrochaba fuerza, calidez y emoción. Que me hizo pensar en el mundo en el que me rodea, mirándolo desde otros ojos, desde los ojos del luchador que se convierte en héroe por insistencia y dedicación (y no por magia o intervención divina).


Ronald James Padavona fue una estrella del rock de la mejor forma que puede haber: No siéndolo. Jamás pidió más de lo que necesitaba en los lugares en los que estaba, y siempre encontraba tiempo para atender a los fans con una sonrisa cálida y amable. Y a los periodistas. No distinguía medios, y siempre estaba dispuesto a hablar de su música con cualquiera que quisiera escucharlo, o publicarlo, o subirlo a la red. Da igual si venías de un webzine de barrio, o de la revista más importante de Heavy Metal de Europa, Ronnie siempre contestaba a todas tus preguntas con una paciencia infinita. Y eso, con lo puñeteros que son algunos periodistas musicales, tiene mucho mérito.


Maestro, tú me enseñaste que el rock puede manar del corazón con infinitos colores, y que no merece la pena etiquetar a la gente si te gusta lo que hacen, y lo saben hacer en el escenario. Me enseñaste que no está mal ser un hombre solitario en una montaña de plata, siempre que aprecie al vida respetando a la Dama del Lago y tenga muy presente el límite entre el Cielo y el Infierno. Que no hay que hablar con extraños, sino amarlos bajo un arcoiris, buscar esos ojos multicolor que te hipnotizan y por los que eres capaz de enfrentarte a los dragones.


Excepto al dragón del cáncer. Un cáncer de estómago como el que acabó con mi tía María Josefa hace dieciocho años. Un monstruo voraz y silencioso que sólo vive para hacer daño. Un monstruo que seguirá devorando personas porque no interesa económicamente que se comercialize una solución.


De todas las canciones que Dio escribió y cantó a lo largo de su vida, tengo tres favoritas: "Stand Up And Shout", del primer Álbum de DIO, "Gates Of Babylon" del disco "Long Live Rock And Roll" de Rainbow, y la canción que da título al plástico "Heaven And Hell" de Black Sabbath. De esta última suelo sacar una cita todos los años para que mis alumnos hagan una redacción. Una frase que resume todo por lo que Ronnie Dio luchaba, y con la que quiero terminar esta humilde entrada.

Don't Talk To Strangers (live) Parece una balada, pero no lo es.

Stand Up and Shout, Su himno revolucionario.

 Heaven And Hell Un clásico.

Die Young Una joyita poco conocida del disco "Heaven And Hell"

Live 2006. Un concierto completo de poco antes de enfermar. 

THE WORLD IS FULL OF KINGS AND QUEENS THAT BLIND YOUR EYES AND STEAL YOUR DREAMS. IT'S HEAVEN AND HELL!

miércoles, enero 04, 2012

De Amicitia...


El insignemente sabio Marco Tulio Cicerón decía en su tratado Laelius que la amistad es el principio más digno otorgado a la naturaleza humana y que, por tanto, sólo es posible entre iguales.






Creo, en lo más profundo de mi corazón, que esto es total y absolutamente cierto. Y creo, en lo más profundo de mi psique, que soy de los pocos que lo creen.


¿Por qué esa negatividad? ¿Qué puede causar esa falta de optimismo en Navidad?



Precisamente por eso. Por la navidad. Ya expliqué en este mismo blog hace unos años que es una fiesta religiosa en la que lo que menos se celebra es el acontecimiento religioso. Y yo, como ateo convencido, no debería celebrarla. Ni debería tener vacaciones.


Ni en Semana Santa.


En estas fechas donde todo es felicidad y falta de crisis proliferan los abrazos físicos y metafóricos de los hombres y mujeres de bueno y buena voluntod y voluntad. Y, mientras tanto, tenemos al yerno del parásito imputado por corrupción, tráfico de influencias, evasión de capitales y apropiación indebida. (¿A quién creen que aplicarán la Nueva Ley de Vagos y Maleantes que está preparando nuestro amadísimo Caudillo, a Iñakinavaja o a los indignados?).





En fin, pilarín. Que la amistad es algo muy preciado. Tanto, que mucha gente se puede aprovechar de ti para sus propios fines egoístas. Y lo hacen. Aunque también te puede compensar la satisfacción de que ocurra lo contrario.


Como ayer.


Ayer iba a ser un día anodino y gris de compras navideñas con mi hermana. Tres horas escuchando que los profesores cobran mucho y tienen demasiadas vacaciones mientras solucionamos la papeleta de los Republicanos Magos.


En vez de eso, me fui a Rute a convertirme en mi padre. Y casi lo hice. Pero lo mejor es que disfruté de un gran día con unas personas a las que, a pesar de la diferencia de edad y creencias, puedo empezar a considerar amigos. Y eso me alegra mucho.



Y a la vez me asusta.


Me austa porque ya hice lo mismo hace ocho años. Y no salió muy bien.


Pero estas personas no son aquellas personas, aunque yo sigo siendo el mismo imbécil.



Y aún así, sigo creyendo que lo más preciado que puede tener una persona es un amigo. Y que lo máximo que una persona puede hacer, lo hace siempre por un amigo. Y yo siempre lo haré, me guste más o menos, o rompa mi penoso estilo de vida en mayor o menor medida.






Se diga como se diga (amistad, friendship, amitié, amicitia, amizade, etc.), es un sentimiento que últimamente escasea de verdad y abunda en imitación, y que se debe sentir en lo más profundo de de uno mismo. Y nunca en las reacciones de los demás.




Por eso doy y nunca pido nada a cambio. Por eso todo el mundo me considera un tontoloscojones de quien aprovecharse. Por eso tengo muy pocos amigos.


Y por eso adoro a mis amigos.

miércoles, marzo 09, 2011

Evaluar o no evaluar, vivr, morir, descartar. From lost to the river.

Evaluar. evaluar, evaluar.

Hay muchas cosas de la profesión docente que me gustan. Hay cosas de la profesión docente que me gustaban como alumno. Hay otras cosas que no me gustaban. Y hay otras cosas que no me gustan ahora.

La evaluación es una de ellas.

La evaluación es una de las cosas que más temía cuando era estudiante, porque sabía que mis padres no son de dar palmaditas en la espalda y comprarte la moto con tres suspensos. Incluso en la carrera, no solía dormir bien hasta haber visto los resultados de todas las asignaturas.

Lo pasaba mal. Porque me esforzaba bastante estudiando, haciendo ejercicios y trabajos, y además tenía que trabajar de mayo a octubre. Por fortuna, ese esfuerzo se veía recompensado la mayoría de las veces con una calificación que satisfacía a mis progenitores. El Heavy Metal me salía por las orejas durante todo el tiempo restante (nunca he podido estudiar con música, así que no la escuchaba hasta que acababa).

Ahora la cosa es un pelín diferente.

Puede que sea porque el que evalúo soy yo (aunque por poco tiempo, forastero/a). O porque veo el trabajo y el proceso mental que (para algunos de nosotros) implica emitir un juicio de valor sobre una persona. Un juicio que se basa en su nivel de conocimientos, pero también en su capacidad de esfuerzo y de comprensión y aceptación de las normas establecidas. Tengo sesiones de evaluación esta semana y, al contrario que hace dos años, cuando publiqué en este blog la entrada "Los profesores no lloran", no estoy excesivamente enfadado con mis Primeros de ESO.

Esto puede deberse a varios factores, en mi modesta opinión.

En primer lugar, la excelente labor de Juana Godoy Aguilera, Orientadora de un instituto en la conflictiva barriada de La Palmilla, cuyas palabras han sido inspiración y pliego de descargo (completamente legal, Ministra Sinde) en innumerables ocasiones. Su fuerza vital me han hecho madurar (creo) como profesor y como persona. GRACIAS.

En segundo lugar, los infinitos y sabios consejos de un tutor que sabe manejar a los alumnos/as y ayudar a los/as profesores/as. Miguel Fernández Agüera, cuya paciencia y reflexión infinitas han conseguido que este humilde servidor superase algunas situaciones peliagudas y que, incluso, aprendiese de ellas. Gracias a él, ya no me altero por los niñatos vagos de la clase, cuya única aspiración es ser el "Cani" más popular del barrio. En lugar de eso, procuro ignorarlos y ponerles directamente un parte (en casos extremos). Y si no, es su vida, que yo ya tengo bastante con la mía.

En tercer lugar, la desastrosa labor del polo opuesto a Don Miguel Fernández, el excelentísimo señor F.J. G., práctico presente y funcionario futuro, cuyo apoyo absoluto a los alumnos/as ha provocado que esos/as alumnos/as hayan perdido el poco respeto que ya tenían hacia vuestro seguro servidor. Hay que saber aprender tanto de las buenas como de las malas experiencias (o eso dicen).

Y eso creo que he hecho.

En cuarto lugar, creo que parte de la estupidez general en la que flotan mis neuronas se ha enquistado, y parece que razono con cierta lucidez propia de una persona de mi edad. Puede ser una gripe pasajera, o una infección crónica. Sea lo que sea, creo que debo aprovechar la situación para intentar parecer un adulto, aunque siga teniendo la líbido de un adolescente de quince años.

En quinto (y creo que último) lugar, el mayor varapalo sentimental que puede recibir una persona, sea hombre o mujer, por parte de su pareja, sea hombre o mujer. Un abandono. Una sustitución. Una trampa. Una desconexión del sistema circulatorio que tardará mucho tiempo en ponerse en marcha, si alguna vez lo hace. Quizá no sea tan maduro como ella cree que es (o necesita creer que es), pero tampoco creo ser tan infantil como ella me acusa de ser. De cualquier manera, no creo estar hecho para vivir en pareja, puesto que mi afán y modo de vida autodestructivos son un gran impedimento para cualquier mujer con ciertas aspiraciones de futuro.

Después de todo este rollo, me toca llegar a alguna conclusión. Al menos eso es lo que se espera de un texto coherente. Y de una persona coherente.

Creo que la mejor conclusión a la que se puede llegar en la situación en la que se encuentra una persona como la que humildemente escribe no puede ser otra que la siguiente...

THE END.

Y fundido en negro.

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martes, octubre 12, 2010

El Gran Finde...Valencia, agosto del 2010.

Sé que llego un poco tarde, y que ya habrán salido todas las crónicas en los medios de comunicación especializados en rock (los demás mejor no leerlos), pero lo que voy a contar es la versión de uno de tantos fans que acudieron a tierras levantinas el fin de semana del viernes veinte y el sábado veintiuno de agosto del presente año. Debido a mis circunstancias personales, familiares y económicas, me lo tomé como las únicas vacaciones del verano, así que espero que os guste. La aventura comienza el jueves diecinueve a las cinco y media de la mañana. Ducha y repaso al equipaje y volando a la estación María Zambrano para coger el tren de las siete a Valencia. En el panel informativo de la estación leo que el tren tiene demora y que vayamos al mostrador de información, donde nos dicen que el tren no puede pasar de Córdoba debido a las inundaciones de la semana anterior, y que nos colocarán muy amablemente en el AVE de las nueve (se ve que no habían vendido todas las plazas) y que en Córdoba enlazaríamos con el nuestro. Dos horas de espera en un centro comercial que no abre hasta las diez.

Pero no importa, porque voy a ver a mis dos grupos favoritos en el mismo fin de semana.

Al llegar a Córdoba nos dicen que el tren tardará unos cuarenta y cinco minutos en salir, tiempo que aprovecho para desayunar y observar a los parroquianos. A la hora convenida nos colocan en nuestro sitio, en los vagones prestados de un Talgo anexos al tren principal para cubrir la demanda, pero sin megafonía, lo que me obligó a no descansar pensando que se me podía pasar la parada e intentando leer los carteles de todas las estaciones por las que íbamos pasando desde que salimos de Albacete. En el camino nos cayó una pequeña tormenta que me hizo temer que llegaría a Valencia nadando, pero sólo nos retuvo casi una hora a la salida de Villarrobledo, aunque el tren fue muy lento casi hasta Játiva. Llegamos a Valencia a las siete de la tarde, doce horas después de poner el pie en la estación de Málaga. El camino hacia el hotel era recto, así que me fui a patita hasta la enorme Plaza del Ayuntamiento, que es donde estaba situado. Después del registro y de deshacer la maleta en la habitación de fumadores que me habían dado por equivocación (menos mal que estaba aislada y tenía cama doble), me fui a dar una vuelta por los alrededores de la plaza y a cenar temprano para poder recuperar sueño.

Pero no importa, porque voy a ver a mis dos grupos favoritos en el mismo fin de semana...

El viernes amaneció tranquilo y despejado, así que me decidí a probar el desayuno buffet del hotel. Normalito y descuidado en cuestiones higiénicas, así que no repetí los dos días que me quedaban. Como no soy dado a entrar en territorios corruptos, fui a buscar información de cómo llegar al recinto donde se celebraban los conciertos a la Oficina de Turismo, y no al Ayuntamiento que tenía al lado. Allí me atendió una chica cuyos ojos verdes volverían anarquista a Marianico el corto Rajoy y que me informó de casi todo lo que necesitaba para llegar a la estación de metro más cercana y cómo llegar al Auditorio Marina Sur desde la estación de destino. Así que decidí hacer el recorrido completo para comprobar tiempos y otros posibles inconvenientes.


Iba a ver a mis dos grupos favoritos en el mismo fin de semana...

Después de un almuerzo equilibrado hacia el lado suicida de la vida, volví a coger el metro para, trasbordando con un tranvía ligero, acabar de nuevo en la estación de Neptuno, junto al enormemente grandísimo complejo marítimo de la ciudad. El camino hacia el recinto no estaba muy bien señalizado y tardé un poco en entrar. No había mucho público y pude hacerme fácilmente con un sitio en la primera fila para proteger mi brazo biónico de la masa durante el concierto. Sobre las siete de la tarde sale el gran Rafa Basa a anunciar que Obús (uno de los grupos que tenía interés en ver) habían cancelado la actuación por problemas de salud de su guitarrista, mi primo Paco Laguna. Un gran show que nos íbamos a perder...

Aún así, iba a ver a mis dos grupos favoritos el mismo fin de semana...

A las siete y media algo pasadas salieron ATLAS, el nuevo grupo de los hermanos Ángel y Manolo Arias, quienes dieron una lección de sabiduría rockera con su Heavy Metal duro y ochentero, y con un José Martos tocando todo el concierto con un collarín debido a un fuerte dolor de cervicales. Temas como Sin Miedo A Vivir, Imperio De La Ley, Condenado Loco, Oveja Negra, Contra Viento Y Marea (que da título a su segundo disco) o 2040 atenuaron los efectos del sol veraniego y atrajeron a un montón de gente, sobre todo por el buen hacer de Manolo Arias con la guitarra y a la buena voz del cantante Ignacio Prieto. Ni que decir tiene que voy a intentar pillarme sus dos discos.


Después de tres cuartos de hora eternos, en los que el supuesto DJ del recinto demostró sus conocimientos musicales poniendo cuatro veces consecutivas la canción El Dorado de Iron Maiden (lo que parecía un buen calentamiento para el concierto del día siguiente se convirtió en una muestra de la racanería con la que han tratado al Rock y a sus gentes desde siempre en este Imperio de Paletos, ya que la canción se la podía descargar todo el mundo gratis desde la página web del grupo), el escenario se volvió a llenar de talento y garra con la salida de TIERRA SANTA, un grupo que he tenido muy abandonado por una canción que no me gustó en el año 98, pero al que voy a prestar más atención a partir de ahora. Su hora y diez minutos de concierto levantó el corazón y los puños de las más de mil personas allí congregadas con himnos como Sangre de Reyes, Juana De Arco, Rumbo A Las Estrellas, Nerón o su magnífica versión de La Canción Del Pirata de José de Espronceda. El grupo se marchó casi tan satisfecho como el público tras un bis con Legendario que me puso el vello de punta.


Y volvemos a El Dorado...otras cuatro veces más.

A las once en punto de la noche, el presentador más dicharachero de Basarock FM sale por tercera vez para dar la bienvenida a los más grandes, los mejores, los dinosaurios, los Maiden españoles:
BARÓN ROJO. Desde que surgió el tema, siempre he tenido recelos de la reunión de la formación original del grupo, sobre todo porque siempre he tenido la impresión de que Sherpa la buscaba por motivos económicos más que por motivos musicales o personales. Impresión que el concierto NO consiguió borrar de mi mente. Durante todo el concierto, los dos bandos que han protagonizado durante los últimos diez años la guerra mediática más absurda que recuerdo sigueron separados, haciendo cada uno su papel dentro del concierto, pero sin mirarse ni acercarse unos a otros prácticamente. Y eso los fans lo notan. Sobre todo los que han sido conscientes de todo el follón. El señor Campuzano suelta sus chistes de rigor mientras que los señores De Castro se centran en sus instrumentos. Dos perspectivas muy diferentes sobre el negocio musical reunidas para asegurarse una jubilación decente (¡la que está liando Zapatero, China del Flequillo!).



El inicio fue muy prometedor, con Concierto Para Ellos, Incomunicación y un Chicos Del Rock cantado entre Sherpa y Carlos De Castro que nos pone a cien mil. Siguen con Tierra de Vándalos, Travesía Urbana y la instrumental Buenos Aires, demostrando que siguen siendo unos músicos de primera. Con Campo de Concentración y Rockero Indomable vi que Sherpa ha preparado esta gira de una forma más relajada en cuanto a la labor vocal que Carlos, que cantó la segunda impecablemente. Ambos descansaron con Hermano Del Rock And Roll muy bien cantada por Armando de Castro, que se marcó un magistral solo de slide entre El Pobre e Hiroshima. A continuación volvieron a intercalarse las voces de Sherpa y Carlos en Se Escapa El Tiempo, canción que dio paso a otra epectacular demostración de la técnica del slide por parte de Armando para introducir Satánico Plan. Tras una visita a la última época de la formación original con Tierra De Nadie, la grandiosa instrumental El Barón Vuela Sobre Inglaterra nos lleva volando hacia dos de sus canciones más polémicas, Breakthoven y Caso Perdido, que nos condujeron a un Con Botas Sucias a dos voces en el que Sherpa demostró ser un buen bajista. La división volvió a quedar patente en el equilibrio de compositores y cantantes en este tramo del concierto, pues siguieron con Hijos De Caín, Cuerdas De Acero (donde Armando jaleó e hizo cantar al público al son de su guitarra) y Los Rockeros Van Al Infierno (donde fue Sherpa el incitador). Después de esto, los cuatro se retiraron a descansar entre bambalinas, momento que yo aprovecho para hidratarme un poco con un litro de Sprite (¡Presume de Sexta, amigo!). Mientras disfruto de los molestos golpecitos de los tarugos de hielo que me han puesto en el vaso (aunque lo pedí específicamente sin hielo), los Barones volvieron al escenario con su canción homónima y dos pesos pesados de su repertorio: Las flores Del Mal y Resistiré, en la que Sherpa pierde la voz y la letra, aunque supo salir airoso del percance. Se vuelven a retirar para intentar arreglar el deficiente sonido que les llega a ellos (palabras de Carlos). Tras unos minutos de incertidumbre, vuelven con Armando a la voz para interpretar Invulnerable, y Sherpa hace lo que puede en Siempre Estás Allí. Se despiden una vez más, pero vuelven tras un pequeño refrigerio para que Armando nos remate con sus famosas Czardas de Monty, a la que le siguen un sorprendente Herencia Letal a dos voces y un trallazo final con Anda Suelto Satanás y Son Como Hormigas, que completó un show de tres horas de duración.


A las dos de la mañana, aunque había un DJ (esta vez de verdad) contratado hasta las tres, decidí irme a casa contento por el gran concierto que acababa de presenciar y con la absoluta certeza de que en este país los técnicos de sonido nunca aprenderán a hacer bien su trabajo (esa noche se superaron al dejarnos medio sordos a los asistentes y a Sherpa por su pinganillo). Tuve la gran suerte de pillar un taxi justo a la salida de la Marina Príncipe Felipe, así que a las dos y media ya estaba en la cama.

El sábado me desperté cerca de las diez de la mañana, así que decidí tomarme las cosas con calma y saltarme el desayuno para ver lo que pudiera sin cansarme mucho y almorzar temprano sin demorarme con el trayecto hacia el auditorio. El metro se llenaba de camisetas negras a cada parada, y cuando enlazamos con el tranvía, era todo nuestro, y aún se había quedado mucha gente en el andén. Pero no andaba. Tardaron casi diez minutos en decirnos que se había estropeado y que teníamos que coger el que estaba en el andén vecino. Lógicamente algunos de los que estábamos en este no llegamos a tiempo y nos quedamos en tierra a esperar al siguiente. En ese intervalo arreglaron el primer tranvía, así que nos subimos temiendo que se volviera a estropear. Pero no, esta vez emprendió la marcha y consiguió llegar a Neptuno sin problemas. La cola que había para entrar ya llegaba casi al perímetro exterior, así que tardé más de una hora en llegar al control de pasaportes. Después del cacheo y el registro de mochila, me uní a las casi cinco mil personas que había ya dentro y fui al puesto de mercandishing a comprar mis recuerdos de todos los conciertos. No tenían libros de gira (mis preciados objetos de coleccionista), así que me compré la única camiseta que me podría entrar y un juego de vasos de litro con Eddies impresos. Intenté acercarme al escenario para poder hacer buenos encuadres, pero fue muy difícil, así que me escoré un pelín y pude quedarme a una distancia a la que el zoom de mi cámara nueva pudiera adecentar.

A las ocho en punto de la tarde salieron Edguy a calentar motores, y bien que lo hicieron en sus cuarenta minutos de show. Tobias Sammet nos hizo sudar a todos con su potente voz y su chaqueta de lana con temas como Tears Of A Mandrake o King Of Fools. Un buen preludio a lo que nos esperaba. No habían teminado de recoger sus instrumentos cuando una legión de roadies se lanzaron a colocar un escenario gigantesco en su sitio, como es costumbre en los cabezas de cartel de este glorioso sábado.


A las nueve y cuarto se apagaron las luces, y el cielo estrellado se fundía con las proyecciones del espacio exterior que salían de las dos pantallas de vídeo situadas a los lados del escenario. La intro de tintes espaciales me llevaba a desear tener en mis manos el nuevo disco (que llevaba sólo dos días a la venta). El último acorde se fundió con el grito ansioso del público al escuchar el principio de The Wicker Man, y la salida en tromba de IRON MAIDEN me llevó diez años atrás en el tiempo, a la gira Metal 2000, en la que presentaban el disco de la vuelta al redil de Bruce Dickinson (Brave New World), y donde me quedé durante Ghost Of The Navigator y Wrathchild. La primera parrafada del carismático showman versó sobre el recién nacido The Final Frontier y lo generosos que habían sido al colgar uno de los temas en su página web como descarga gratuita, tema que curiosamente sería el siguiente en caer. El Dorado suena muy bien en directo, y el telón de fondo del escenario nos recuerda que la canción trata sobre la crisis (no sobre la peli de Disney). Prácticamente las veintidos mil personas que estábamos allí la cantamos en su gran mayoría (quizá gracias al DJ del día anterior), ante la sorpresa de todos los componentes del grupo. Un telón con un Eddie-parca sobre un suelo arlequinado es el preludio para Dance Of Death, en la que Bruce demuestra que le queda voz para rato. Le sigue el recuerdo al que hasta dos días antes era el último disco del grupo, A Matter Of Life And Death, con la paranoica y soporífera The Reincarnation Of Benjamin Breeg y la más equilibrada y antibélica These Colours Don't Run.





Otra parrafada nos pone el pelo de punta cuando Bruce nos recuerda su amistad con el recientemente fallecido Ronnie James Dio, a quien le acaba dedicando, primero él y después todos nosotros apuntando al cielo con nuestro cuernos, Blood Brothers. La feroz Wildest Dreams nos golpea en la cara antes de que un telón con la estatua de Justicia Ciega que tanto les gusta despreciar a los estadounidenses nos lleva a un éxtasis metafórico con No More Lies y Brave New World. Desués de tanta "canción nueva" (todas excepto Wrathchild son de sus últimos diez años de carrera), algunos fans empezaron a pedir los temas de siempre, así que el genio de Steve Harris programó Fear Of the Dark para aumentar la histeria colectiva, a la que le siguió un espectacular Iron Maiden, en la que un Eddie más alienígena que nunca salió para, además de molestar a Dave Murray y pelearse con Janick Gers, ponerse a tocar la guitarra con ellos en un momento que para algunos de nosotros fue casi orgásmico...




La retirada temporal del escenario no hizo más que desterrar el cansancio de nuestros pies y gargantas para corear sin descanso un "Maiden, Maiden" que lleva treinta y cinco años resonando por todo el mundo. Un telón de fondo completamente rojo, acompañado por la iluminación más infernal que he visto en un escenario provocó un vuelco en mi rojo corazón al escuchar el recitado "Woe to you on earth and sea..." y el clamor enfervorecido de las veintidos mil gargantas allí congregadas dio paso a una de las mejores interpretaciones de The Number Of The Beast que he ecuchado después de la edición del disco y vídeo en directo Live After Death. El fin de fiesta casi no pudo ser mejor, con unos aplastantes Hallowed Be Thy Name y Running Free que nos dejó a todos con ganas de más (y a mí echando en falta el Sanctuary con el que acababan el vídeo mencionado anteriomente). Después del tradicional lanzamiento de recuerdos por parte de todos los músicos, sobre todo del siempre jovial Nicko McBrain, las primeras frases del Always Look On The Bright Side Of Life de mis adorados Monty Python me indicaba que las dos horas clavadas de concierto habían pasado y que era hora de marcharnos a casa.


Como era más temprano que el viernes, decidí quedarme a disfrutar un poco del DJ de verdad y refrescarme un poco. Alrededor de la medianoche me fui al hotel a reposar y organizar todo el cúmulo de emociones que me provocan los conciertos del sexteto británico, que habían vuelto a demostrar que son los mejores músicos del planeta.

El domingo me desperté temprano automáticamente, así que tuve tiempo de recoger la habitación, desayunar de Mercadona y hacer la maleta con toda tranquilidad. Después de pagar la factura y dar y recibir los pertinentes agradecimientos, me dirigí hacia la Estación del Norte para echarle un vistazo a la prensa local y ver lo que traían sobre el concierto y esperar al tren, que esta vez sí era el que aparecía en el billete y me permitió dar las dos primeras escuchas completas de The Final Frontier, además de disfrutar de uan gran película que no conocía, Amazing Grace, sobre la abolición de la esclavitud en el Reino Unido, que recomiendo encarecidamente. Llegué a Córdoba sobre las siete y media para coger de nuevo el AVE, que me dejó en Málaga a las nueve.

Después de un fin de semana inolvidable en muchos más aspectos que los estrictamente musicales sólo me queda decir...



¡LARGA VIDA AL BARÓN!


UP THE IRONS!


P.S.: Pronto hablaré del
The Final Frontier canción por canción...