miércoles, enero 04, 2012

De Amicitia...


El insignemente sabio Marco Tulio Cicerón decía en su tratado Laelius que la amistad es el principio más digno otorgado a la naturaleza humana y que, por tanto, sólo es posible entre iguales.






Creo, en lo más profundo de mi corazón, que esto es total y absolutamente cierto. Y creo, en lo más profundo de mi psique, que soy de los pocos que lo creen.


¿Por qué esa negatividad? ¿Qué puede causar esa falta de optimismo en Navidad?



Precisamente por eso. Por la navidad. Ya expliqué en este mismo blog hace unos años que es una fiesta religiosa en la que lo que menos se celebra es el acontecimiento religioso. Y yo, como ateo convencido, no debería celebrarla. Ni debería tener vacaciones.


Ni en Semana Santa.


En estas fechas donde todo es felicidad y falta de crisis proliferan los abrazos físicos y metafóricos de los hombres y mujeres de bueno y buena voluntod y voluntad. Y, mientras tanto, tenemos al yerno del parásito imputado por corrupción, tráfico de influencias, evasión de capitales y apropiación indebida. (¿A quién creen que aplicarán la Nueva Ley de Vagos y Maleantes que está preparando nuestro amadísimo Caudillo, a Iñakinavaja o a los indignados?).





En fin, pilarín. Que la amistad es algo muy preciado. Tanto, que mucha gente se puede aprovechar de ti para sus propios fines egoístas. Y lo hacen. Aunque también te puede compensar la satisfacción de que ocurra lo contrario.


Como ayer.


Ayer iba a ser un día anodino y gris de compras navideñas con mi hermana. Tres horas escuchando que los profesores cobran mucho y tienen demasiadas vacaciones mientras solucionamos la papeleta de los Republicanos Magos.


En vez de eso, me fui a Rute a convertirme en mi padre. Y casi lo hice. Pero lo mejor es que disfruté de un gran día con unas personas a las que, a pesar de la diferencia de edad y creencias, puedo empezar a considerar amigos. Y eso me alegra mucho.



Y a la vez me asusta.


Me austa porque ya hice lo mismo hace ocho años. Y no salió muy bien.


Pero estas personas no son aquellas personas, aunque yo sigo siendo el mismo imbécil.



Y aún así, sigo creyendo que lo más preciado que puede tener una persona es un amigo. Y que lo máximo que una persona puede hacer, lo hace siempre por un amigo. Y yo siempre lo haré, me guste más o menos, o rompa mi penoso estilo de vida en mayor o menor medida.






Se diga como se diga (amistad, friendship, amitié, amicitia, amizade, etc.), es un sentimiento que últimamente escasea de verdad y abunda en imitación, y que se debe sentir en lo más profundo de de uno mismo. Y nunca en las reacciones de los demás.




Por eso doy y nunca pido nada a cambio. Por eso todo el mundo me considera un tontoloscojones de quien aprovecharse. Por eso tengo muy pocos amigos.


Y por eso adoro a mis amigos.